Manifiesto

Estamos en un momento raro. Sabemos que algo no funciona, lo sentimos en el trabajo, en los vínculos, en la ciudad. El futuro parece inexistente, vivimos día a día angustiados, intentando sobrevivir económicamente pero también a nuevas formas de vinculación social. Todes estamos un poco rotos buscando qué hacer con esa rotura. Nos cuesta enunciar qué es lo que está mal. Y lo que no se nombra no se puede pensar y procesar. Y lo que no se piensa no se puede cambiar.

Marginalia nace de esa incomodidad.

Somos personas que trabajamos con la imagen, con la forma, con el sentido. Y nos dimos cuenta que nos faltan las palabras. Tenemos ideas, pero no sabemos cómo decirlas, como transmitirlas. Podemos hacer unos afiches increíbles, ilustraciones increíbles de denuncia, de crítica. Tenemos ideas, tenemos posiciones tomadas respecto de muchos temas, pero no tenemos las palabras. Las palabras nos dan profundidad, el acto mismo de escribir es el acto de pensar. Pero nuestras carreras de diseño no se destacan precisamente por la práctica de la escritura, hay ahí una pata que nos falta. Dibujamos, collageamos, sacamos fotos, filmamos, proyectamos, presentamos. Pero rara vez escribimos. Y la diferencia que tiene la escritura es que requiere otro tiempo de “consumos”, Las redes sociales tienen un tiempo de consumo, de procesamiento: vemos algo, nos llega, laikeamos, (¿compartimos?) seguimos. Un texto requiere otro tiempo de dedicación. 

El diseño produce cultura todos los días, aporta a la construcción del mundo, naturaliza prácticas y formas de vivir.

Marginalia quiere ser el lugar de la pregunta.

El nombre viene de una práctica medieval: la marginalia eran las anotaciones que los lectores y copistas escribían en los bordes de los manuscritos. El pensamiento que ocurría al margen del texto oficial. Una voz que no estaba invitada pero igual habló, que señaló, que marcó, que dejó una huella. Encontramos un paralelismo entre ese margen y el nuestro: un margen geopolítico y cultural, América Latina, Argentina. Sabemos que no estamos en el centro. Nunca estuvimos. Y sin embargo tenemos cosas que decir desde acá. Pensarnos con nuestra matriz cultural y ya no desde una mirada eurocentrista.

Salir del margen duele. Escribir cuando no se está entrenado para eso es un pequeño acto de resistencia necesario. Esta revista existe porque creemos que vale la pena hacerlo igual, aunque no sepamos. La práctica hace al maestro, y si no llegamos a ser maestros tampoco importa. Lo que importa es poder pensarnos.

Si llegaste hasta acá es porque algo de esto te resuena. Quizás también sentís que el futuro se achicó, que las conversaciones se vaciaron, que el presente es difícil de sostener. Creemos que el futuro se dice. Hay que nombrarlo, pensarlo, discutirlo y construirlo con otres. Para eso hace falta un lugar donde las ideas se desarrollen, donde los argumentos se sostengan, donde el diseño se piense.

Eso es Marginalia. Una revista de texto, de argumento, de discusión. Que lee el diseño desde la cultura, desde la historia, desde la política, desde la economía. Que existe porque el presente necesita ser pensado y el futuro necesita ser enunciado.

Bienvenides.

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